Tú y yo nos entregamos mucho. Aún sigo preguntándome como es posible que después de entregar la piel, cada caricia, cada beso. Cada mirada, cada risa, cada plática sobre los miedos, las preocupaciones, los gustos, cuando nos consolamos, cuando llore en tu hombro y me sostuviste, no me dejaste caer, cuando dijiste que siempre estarías para mí después de estar en mis momentos más difíciles. Cuando quise tomar el siguiente paso, tú no quisiste. "Que no tienes tiempo para eso, que no haces esas cosas". Todo lo que quería era platicar más, saber más de ti, si estás bien, si comiste sano, si estás durmiendo tranquilo, como van tus preocupaciones, que tal estuvo el trabajo, salir, no importa si no hay dinero, no busco grandezas ni lujos, hubiera sido perfecto tomar un café, o ver una película en mi casa de esas de suspenso americanas del 2000 que son malísimas y tanto te gustan, comprarte esa visera de dormir de Zoro que querías, consolarte de lo dura que puede ser la vida a veces,...