Capitulo 43

 Ha pasado casi un año desde que publiqué entradas.

Me preguntó en qué cambios habré experimentado. Me tomaré un tiempo para leerlo, pero hoy me acerco con un motivo diferente.

Hoy quiero darle una última carta a la persona de la que me enamoré, pero no pudimos estar juntos. Mi primer amor hombre.


Querido E:

Sé que ahora mismo no quieres hablar con nadie, y respeto eso. No espero que respondas a esto ahora. Solo necesitaba poner en palabras algo que he estado pensando.


Sigo preguntándome por qué me cuesta tanto soltarte. Y creo que hoy entiendo un poco más.


Durante mucho tiempo, el dolor hizo que me concentrara en mí: en cómo me afectaban tus acciones, en lo que significaban para mí, en estar a la defensiva y tomarme muchas cosas personalmente. Cuando me contabas que estabas pasando por algo, muchas veces estaba tan preocupada por lo que estaba ocurriendo entre nosotros que no supe detenerme a preguntarte cómo estabas tú realmente. Hoy puedo reconocerlo y me hubiera gustado haber podido acompañarte de otra manera.


También he estado pensando en algo que quizá nunca te conté suficientemente.


Desde niña construí gran parte de mi identidad alrededor de mis estudios. Ser inteligente, ser la primera del salón, hacer las cosas bien... todo eso me hacía sentir valiosa. Pero emocionalmente era muy diferente. Me costaba muchísimo reconocer lo que sentía, conectar conmigo misma y mostrar vulnerabilidad. Aprendí a funcionar desde la lógica y a seguir adelante aunque por dentro no supiera qué me estaba pasando.


Cuando las cosas empezaron a ir mal en la universidad, perdí aquello sobre lo que había construido prácticamente toda mi identidad. Y cuando ya no tenía los estudios, los planes ni la sensación de ser esa persona inteligente que siempre había sido, tuve que enfrentarme a una pregunta que nunca me había hecho:


¿Quién soy cuando no estoy haciendo algo bien?


Fue un proceso muy difícil aprender a conocerme fuera de todo eso. Aprender qué me gusta, qué necesito, qué siento, qué me hace feliz y cómo cuidar de mí incluso cuando no estoy cumpliendo ninguna meta.


Por eso, cuando pienso en algunas de las cosas que me has contado sobre ti, puedo entenderlas desde un lugar diferente al que podía hacerlo antes. Tu preocupación por el trabajo, por el dinero, por tu futuro, por tus proyectos, por tu apariencia, por conseguir las cosas que quieres... quizá hay muchas cosas que no conozco y que nunca me detuve a preguntarte.


No quiero asumir que sé lo que te pasa ni explicar tus sentimientos por ti. Solo quiero decirte que ahora puedo mirar algunas cosas con más empatía.


Y también puedo entender mejor cuando me dijiste que no estabas buscando una relación y que no estabas preparado para algo serio. Durante mucho tiempo lo viví como algo personal. Ahora puedo aceptar que quizá no tenía que ver con mi valor ni con que yo no fuera suficiente. Puede simplemente haber sido lo que tú podías o querías ofrecer en ese momento.


Eso no hace que lo que vivimos haya dejado de dolerme. Me dolió, y todavía estoy aprendiendo a manejar todo lo que siento. Pero puedo reconocer las dos cosas al mismo tiempo: puedo haber sufrido con algunas de tus decisiones y, aun así, quererte y preocuparme por ti.


No quiero escribirte para convencerte de nada ni para pedirte que seas diferente.


Quiero que estés bien, incluso si eso termina significando que nuestras vidas toman caminos diferentes.


Y sí, todavía te quiero. Mucho. Creo que eso también explica por qué me nace querer abrazarte cuando pienso que estás pasando por un momento difícil. No porque crea que puedo solucionarte la vida, sino porque eres una persona que me importa.


También entiendo que ahora necesitamos cierta distancia. En mi caso, el tiempo sin estímulos que reactiven todo esto me ha permitido empezar a mirar nuestra historia con más calma. Y quizá eso también sea bueno para ti.


No sé qué va a pasar entre nosotros en el futuro. A veces todavía pienso que, si algún día ambos estuviéramos en un lugar diferente, quizá podríamos construir algo distinto. Pero ya no quiero convertir esa posibilidad en una expectativa ni vivir esperando que ocurra.


Si algún día volvemos a encontrarnos desde un lugar más sano, me gustaría que fuera porque los dos queremos estar ahí, no porque uno tenga que salvar al otro.


Y si eso nunca sucede, igualmente quiero quedarme con algo bueno de todo esto: conocerte me hizo sentir cosas que durante mucho tiempo no sabía cómo sentir, y también me obligó a conocer partes de mí que todavía estoy aprendiendo a cuidar.


No tienes que responderme ahora. Solo quería que supieras que, después de todo este tiempo, puedo mirarte con más cariño y menos defensa.


Espero sinceramente que estés bien.

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